Como cada comienzo febrero, ya podemos sentir el Carnaval en Mendoza. Los colores, ritmos y alegría de este legendario festejo se hacen presentes hoy y mañana. Si bien se lo nombra mucho, lo cierto es que pocas personas conocen su historia. En esta nota te contamos cómo lo festejamos los mendocinos.
La festividad en expansión y su llegada a la Argentina
El Carnaval trascendió toda barrera geográfica y floreció hasta llegar a cada rincón del mundo. Primero se extendió por toda Europa y luego se dio a conocer en América. De ahí en más, cada cultura le dio un toque y sabor distinto.
La primera señal del Carnaval en Argentina fue en 1858, año en que apareció la primera comparsa en Buenos Aires. Tiempo después, en 1869, se celebró el primer desfile o corso, el cual fue solo de atuendos. Este último fue impulsado por Domingo Faustino Sarmiento, quien se quedó totalmente impresionado ante la magia de esta festividad durante su viaje por Europa. Recién en 1870 se incorporaron los magníficos carruajes.
Carnaval en Mendoza, ¿cuál es nuestro toque?
En principio, el Carnaval en Mendoza no era un festejo para todo el mundo. A partir de 1880, los mendocinos de la alta sociedad organizaban comisiones para los corsos nocturnos del mes de febrero. Los festejos, por supuesto, tenían el apoyo de los aristócratas mendocinos, del gobierno y de la policía. El espectáculo se realizaba en la calle San Martín (en ese entonces San Nicolás) y asistían figuras importantes, como el gobernador. En medio del festejo, se prohibía arrojar agua y huevos. En tanto, la gente se arrojaba flores, agua perfumada que no manchaba la ropa, serpentina y confetis.

Sin embargo, el resto de las clases sociales fue incluyéndose de a poco y a su manera al festejo. Así fue como jóvenes, adultos, hombres y mujeres comenzaron a llevar a cabo el famoso ritual hasta el día de hoy: “la chaya”. El calor mendocino de febrero incitaba a mojarse como parte de una batalla campal. Se llenaban bombitas, baldes y hasta huevos (de ñandú, los cuales se vaciaban y se rellenaban con agua). Las acequias eran el lugar perfecto para acechar al enemigo e imponerse en la batalla. Mientras tanto, había quienes seguían el juego, y quienes no aclamaban la idea al 100% ya que ni la sagrada siesta mendocina detenía a los guerreros del agua. Con el tiempo, las costumbres se fueron ampliando. Hoy es muy común encontrarse con una multitud en el Parque San Martín que “chayan” a quien se cruce por sus caminos.
Mendoza, el destino más buscado para este fin de semana largo de Carnaval
Recientemente, Rappi lanzó una aplicación para buscar hospedaje y vuelos. Muchos argentinos buscan una escapada para aprovechar el fin de semana extra largo de febrero. Según los datos de la aplicación, Mendoza es el destino más consultado de la Argentina para este Carnaval. La lista liderada por nuestra provincia incluye otras búsquedas como Bariloche, Iguazú, Córdoba, Salta y Ushuaia.

Los mendocinos tenemos un carácter reservado y cerrado, por lo que no hemos adoptado la costumbre de los desfiles extravagantes, murgas y trajes. Lo hacemos a nuestra manera: las famosas costumbres de la chaya, los picnics en el parque con amigos y las juntadas nocturnas siguen en pie. Aunque vayamos por lo nuestro, la alegría y las murgas se sienten. Con esto se comprueba, una vez más, que lo tenemos todo: relax para quienes necesiten desenchufarse pasando unos días en la montaña o en una bodega, y más movimiento para quienes quieran vivir las costumbres autóctonas del Carnaval.
Todos hablamos del Carnaval, pero… ¿De dónde viene?
Nacido hace más de 5000 años, los orígenes del Carnaval son inciertos. Algunos historiadores aseguran que comenzó con las fiestas paganas de los sumerios y egipcios. Mucho tiempo después, los festejos habrían llegado a la Antigüa Roma, y habrían tenido lugar en las celebraciones Saturnales, Lupercales y en los homenajes al dios Baco. Las Saturnales eran festividades en donde se honraba, en un templo repleto de comida y regalos, al dios Saturno. El maratónico festejo duraba siete días y era adorado por los romanos. Por su parte, las Lupercales se llevaban a cabo cada 14 de febrero en el monte Palatino, lugar en el que, según la leyenda, se fundó Roma. En esta celebración se honraba al dios Fauno, quien supuestamente se habría convertido en loba para amamantar a Rómulo y Remo. Estas festividades se caracterizaban por su ambiente relajado respecto a las normas sociales, descontrol y permisividad.

Con la expansión de la Iglesia Católica en la Edad Media se propuso una etimología para el nombre: carnem-levare, del latín vulgar, que significa “abandonar la carne”. En parte, el nombre fue elegido ya que se había incorporado como una fiesta religiosa al catolicismo (según la tradición no se come carne los viernes de cuaresma). Por esa razón, el Carnaval se festeja antes de la cuaresma, que comienza el miércoles de ceniza. En teoría, el festejo comienza el jueves anterior, y concluye el martes. Fue recién en el siglo XIX que el historiador Jacob Buckardt propuso el nombre Carnaval, proveniente de los vocablos Carrus Navalis, nombre de una procesión en la cual se utilizaba máscaras y se honraba a la diosa Isis. Hoy, el famoso Carnaval se festeja en muchas partes del mundo y ha sido adaptado por diferentes culturas.



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